Visualización: "El grano de polen"

Hace años, después de una formación de yoga para niños bajo la maestría de la genial Christine McArdle, me sentí inspirado para escribir esta visualización que rescato en el blog. Es un humilde regalo que te hago, y que puedes leer en voz alta a tus pequeños, o a tus no tan pequeños, mientras relajan tumbados en el suelo o con los ojos cerrados imaginan ser tan livianos como un grano de polen. ¡Feliz viaje!

En esta visualización eres un granito de polen, ligero y suave al tacto, de luminoso color y agradable aroma. Es la primera vez que observas la luz del día junto con tus millones de hermanos y hermanas dentro de una flor recién nacida. Imagina la flor, su apariencia, el olor que exhala. Dentro de ella te encuentras muy cómoda, calentita bajo los rayos de Sol que rozan tu piel. Te acurrucas y te quedas adormecida, abrazada junto a los otros granos de polen que, como tú, echan una siesta en el cáliz de la flor.

Mientras descansas, notas que la flor se mueve bajo el peso de algo que camina sobre ella. ¡Es una mariposa! Piensa en el color y el dibujo de sus alas. El animalito mueve rítmicamente sus alas, contento de haber descubierto una flor de un perfume que abre su apetito, La mariposa se mueve en el interior de los pétalos, chupando con su lengua el líquido dulce que produce la flor. Las patitas rozan el cáliz, y muchos granos de polen como tú se adhieren a ellas. Ahora que ya has despertado de la siesta, te apetece viajar abrazada a la mariposa y junto a ella descubrir el mundo más allá de la flor. Estiras los brazos y ¡ya está!, te aferras al pecho de la mariposa, justo cuando ella recoge la lengua larga y comienza a batir las alas para recuperar el vuelo.

La mariposa queda suspendida en el aire, a pocos milímetros de la flor. Pegada a ella, te despides del resto de tus hermanas y hermanos que descansan en el cáliz. Todos te sonríen y te desean un buen viaje. Agitas una mano mientras la mariposa se eleva. Ahora observas desde la distancia la flor en cuyo interior naciste, cómo su color y forma destacan del resto de las flores. Mientras la mariposa toma altura, todo se va haciendo más pequeño. Te sientes cómoda sujeta al pecho del insecto, que vuela silenciosa y lentamente sobre el prado. Tan pequeña como eres, ¡y estás volando muy alto! La brisa de la primavera roza tu cuerpo como una caricia. Levantas la vista y allá arriba descubres el cielo azulado sobre el que surcan nubes algodonosas. Tu primer viaje por el aire sobre una mariposa.

Una ráfaga de viento transporta al insecto mucho más arriba. La mariposa vuela más rápido y gozas de la velocidad y del aire que te envuelve. Desde la altura en la que estás el prado parece más pequeño que antes, y las flores de tonos variados lo pintan de colores. Miras de un lado a otro, y en el horizonte descubres los picos de las montañas. Sus cimas aún muestran el blanco manto de la nieve, que con el calor de la primavera se derrite gota a gota.

Otro grano de polen que viaja a tu lado te propone que te sueltes de la mariposa y viajes con ella sobre el aire. “Me puedo caer”, respondes con temor, pero ella te pide que confíes, que eres ligera y la corriente de aire te transportará sin peligro. Le das la mano y te sueltas del pecho de la mariposa. El viento os propulsa a gran velocidad, tan rápido que en un instante la mariposa y se queda atrás. La corriente de aire os eleva muy alto, tan alto que si miras abajo apenas puedes distinguir el prado de entre los cuadraditos verdes y marrones. Tan alto que en tu viaje atraviesas las nubes. Tu amiga y tú os miráis, ella te sonríe y aprieta tu mano con cariño. Justo en ese momento se aproxima un águila que planea con las alas desplegadas. Eres tan pequeña que no puede verte. El águila se aleja suavemente describiendo círculos.

El viento deja de soplar y desciendes poco a poco hacia la tierra. En tu aventura has sobrevolado campos, ríos, montañas, pueblos. Has llegado a un nuevo prado, tan florido como el que era tu hogar. Justo antes de llegar al suelo, tu amiga se despide y te suelta para volar por su cuenta. Te posas sobre una flor, parecida a la que te dio cobijo. Entre tus nuevos amigos, otros granos de polen, te acomodas y descansas.

 

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